SpaceX presentó resultados mejores de lo esperado en su primer balance desde la salida a bolsa, con ingresos récord de US$7.814 millones, un crecimiento interanual del 92%. Sin embargo, sus acciones se desplomaron un 13% luego de que los inversores mostraran preocupación por el elevado gasto en inteligencia artificial y la falta de señales claras sobre la rentabilidad futura.
El principal motor del trimestre volvió a ser Starlink, que facturó US$4.291 millones, un 66% más que un año atrás, impulsado por el crecimiento de clientes particulares, empresas y contratos gubernamentales. Además, la compañía redujo sus pérdidas y mejoró significativamente su rentabilidad operativa respecto del mismo período de 2025.
Pese a esos resultados, el mercado puso el foco en el fuerte nivel de inversión que SpaceX destina a infraestructura e inteligencia artificial, además de la ausencia de una guía más precisa sobre cuándo esos desembolsos comenzarán a traducirse en mayores beneficios. La reacción vuelve a mostrar una tendencia que se repite en Wall Street: en plena carrera por la IA, los inversores ya no solo buscan crecimiento, sino también un camino claro hacia la rentabilidad.
