Las acciones de Intel acumulan una caída cercana al 20% en la última semana, incluso después de que la compañía informara un crecimiento interanual del 25% en sus ingresos, el mayor en más de 15 años.
Durante el segundo trimestre, la empresa facturó US$16.100 millones, impulsada por el fuerte avance de su negocio de chips para centros de datos e inteligencia artificial, cuyos ingresos crecieron un 59% respecto al año pasado hasta alcanzar los US$6.300 millones.
Pese a esos resultados, los inversores reaccionaron con ventas porque siguen dudando de que Intel pueda sostener ese crecimiento en el tiempo. La preocupación pasa por sus márgenes de ganancia, la fuerte competencia con Nvidia y AMD y la capacidad de convertir el auge de la IA en un negocio consistentemente rentable.
Para varios analistas, el mercado entró en una nueva etapa: ya no alcanza con anunciar inversiones o mostrar un fuerte crecimiento impulsado por la inteligencia artificial. Los inversores ahora exigen pruebas de que esa expansión puede mantenerse durante los próximos trimestres y traducirse en una recuperación sostenida del negocio.


