El primer año de la segunda presidencia de Donald Trump estuvo marcado por una ofensiva comercial que volvió a tensionar el sistema económico global. La Casa Blanca relanzó una política de aranceles elevados sobre importaciones estratégicas, con especial foco en China, la Unión Europea y algunos socios históricos, bajo el argumento de proteger la industria nacional y corregir desequilibrios en la balanza comercial. La medida reactivó disputas que habían quedado latentes y colocó nuevamente al comercio internacional en el centro de la agenda geopolítica.
El impacto se sintió rápidamente en los mercados. Las bolsas reaccionaron con volatilidad, mientras que empresas multinacionales comenzaron a revisar cadenas de suministro, costos y planes de inversión ante un escenario de mayor incertidumbre. Sectores como el automotriz, el tecnológico y el agrícola quedaron entre los más expuestos a represalias comerciales, en un contexto donde varios países respondieron con medidas espejo o recurrieron a organismos internacionales para cuestionar las decisiones de Washington.
Desde el gobierno estadounidense, la estrategia fue presentada como parte de una doctrina de presión permanente para forzar renegociaciones y obtener mejores condiciones comerciales. Sin embargo, economistas y analistas advirtieron sobre los riesgos de un endurecimiento prolongado, que podría desacelerar el crecimiento global y alimentar tensiones inflacionarias. A un año del inicio del nuevo mandato, la ofensiva comercial de Trump no solo redefinió la política exterior económica de Estados Unidos, sino que volvió a sacudir el delicado equilibrio del comercio mundial.
¿Te interesa este tema? Escuchá el último episodio de Enfoque Latino: Diego Laje entrevista al especialista en finanzas globales Maximiliano Skowron
