Por equipo de redacción de Quvo
La noticia:
En un movimiento que subraya la magnitud de la revolución tecnológica actual, Alphabet Inc. (matriz de Google) sacudió los mercados financieros al concretar la mayor emisión de deuda en su historia. Lo que inició como una búsqueda de 15.000 millones de dólares terminó en una recaudación de 20.000 millones, impulsada por una demanda voraz de inversores que depositaron ofertas por más de 100.000 millones de dólares.
La operación de Alphabet no fue solo una cuestión de volumen, sino de estrategia a largo plazo. La emisión incluyó siete tramos, destacandose un bono a 100 años. Este tipo de deuda, extremadamente rara, rinde apenas 0,95 puntos porcentuales por encima de los bonos del Tesoro de EE. UU., consolidando la tendencia de las “hiperescaladoras” de bloquear financiamiento a plazos ultra largos para estabilizar sus perfiles de capital mientras construyen el futuro de la computación.
El costo de la Inteligencia Artificial: 185.000 millones en la mira
Detrás de este endeudamiento masivo reside una cifra que marea: Alphabet prevé un gasto de capital (Capex) cercano a los 185.000 millones de dólares para 2026. Esta inversión supera la suma total de sus gastos en los tres años anteriores combinados. El destino de los fondos es claro: la construcción de centros de datos de última generación, infraestructura de nube y el despliegue masivo de chips para potenciar a Gemini, su motor de búsqueda mejorado con IA y sus servicios globales.
Big Tech: El club de los 650.000 millones
Alphabet no está sola en esta travesía. El sector tecnológico ha pasado de modelos de negocio “ligeros en activos” a estructuras intensivas en infraestructura física. Se estima que, en conjunto, las grandes tecnológicas (incluyendo a Microsoft, Amazon y Meta) alcancen un gasto de capital de 650.000 millones de dólares en 2026. Para financiar este despliegue, las compañías están recurriendo a los mercados de crédito con una agresividad nunca vista, aprovechando que los inversores aún ven en la IA el motor principal de crecimiento global.
Un mercado de bonos en territorio desconocido
La reacción del mercado ha sido de una euforia cautelosa. El éxito de Alphabet emula el reciente mega-crédito de Oracle, confirmando que el apetito por deuda corporativa de alta calidad es inmenso. Analistas de Morgan Stanley y Barclays proyectan que este auge empujará la emisión corporativa total en dólares a un récord histórico de entre 2,2 y 2,4 billones de dólares en 2026. Esta avalancha de papel actúa como el combustible necesario para profundizar el “boom de la IA” en el mundo físico.
Zoom out a la noticia: ¿Inversión visionaria o burbuja de infraestructura?
Estamos ante un cambio de paradigma en la arquitectura financiera de Silicon Valley. Durante décadas, estas empresas fueron “alcancías” gigantescas de efectivo. Pero se están convirtiendo en los mayores emisores de deuda del mundo para financiar una apuesta de “todo o nada” por la inteligencia artificial. La gran incógnita para 2026 y los años venideros no es si podrán construir la infraestructura, sino si la monetización de la IA avanzará a la misma velocidad que su deuda. El mercado ha dado un cheque en blanco de confianza, pero la presión por demostrar retornos tangibles sobre estos 650.000 millones será el gran tema de conversación en las próximas juntas de accionistas.







