La tensión diplomática entre Estados Unidos y sus aliados europeos alcanzó un nuevo punto crítico. El presidente Donald Trump ha intensificado su ofensiva política para obtener el control de Groenlandia, vinculando la soberanía de la isla directamente con la “supervivencia del hemisferio norte”.
Seguridad Nacional bajo la lupa
El mandatario republicano justificó su postura alegando una supuesta proliferación de buques rusos y chinos en aguas árticas. “Necesitamos Groenlandia por razones de seguridad nacional. Es un lugar estratégico que ahora mismo está rodeado por adversarios”, afirmó Trump, aunque informes de inteligencia marítima y autoridades danesas relativizaron la magnitud de dicha presencia.
La estrategia de la Casa Blanca pasó de la retórica a la presión económica. En las últimas semanas, Trump llegó a amenazar con la imposición de aranceles del 10% al 25% contra Dinamarca y otros aliados de la OTAN que enviaron tropas a la isla en una muestra de solidaridad denominada “Operación Resistencia Ártica”.
Un “Acuerdo Marco” envuelto en misterio
Tras una reunión de emergencia con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Trump anunció haber alcanzado un “marco para un acuerdo futuro” respecto a Groenlandia y la región ártica. Aunque este anuncio suavizó temporalmente la amenaza de una guerra comercial, los detalles siguen siendo opacos.
- La postura de la OTAN: Rutte sugirió que el pacto busca evitar que China y Rusia ganen una “cabecera de playa” económica o militar en el territorio.
- La respuesta de Dinamarca: La primera ministra, Mette Frederiksen, fue tajante: la soberanía no está sobre la mesa. “Groenlandia no está en venta. Cualquier diálogo debe respetar nuestra integridad territorial”, sentenció, calificando la presión de Washington como una “línea roja” innegociable.
El futuro de la Alianza Transatlántica
Analistas sugieren que el verdadero objetivo de Trump podría ser la implementación del sistema de defensa “Golden Dome” (Cúpula Dorada) y el acceso exclusivo a los vastos recursos minerales de la isla. Mientras tanto, en Nuuk, las autoridades locales denuncian una falta de respeto a su autonomía, asegurando que el futuro de Groenlandia no se decidirá en redes sociales ni en despachos extranjeros.
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